8 de junio de 1637: "Pienso, luego existo"

Contexto
En 1633, René Descartes considera publicar su "Tratado del mundo", en el que defiende el heliocentrismo, la idea de que el mundo gira alrededor del sol. Sin embargo, tras ver que Galileo fue condenado por la Iglesia por apoyar la misma idea, Descartes se abstiene de publicarlo.
No obstante, en 1637 publica "Discurso del método", una obra literaria destinada a sondear a los individuos y analizar hasta qué punto aceptarán o se distanciarán de las evoluciones inducidas por la ciencia.
Analicemos los puntos más destacados de esta obra:
El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo
Esta es la primera frase del "Discurso del método". Para entenderla, debemos considerar el "buen sentido" no en su significado literal, sino más bien como nuestra capacidad de razonar, de juzgar.
Descartes muestra, a través de la ironía, nuestra incapacidad para cuestionarnos a nosotros mismos. Nos hace ver hasta qué punto nos quejamos de nosotros mismos. No nos consideramos lo suficientemente ricos, lo suficientemente guapos, lo suficientemente afortunados... pero rara vez nos quejamos de nuestra falta de juicio, pues todos estamos satisfechos con nuestra capacidad de razonar. Lo destaca también unas líneas más adelante al afirmar: "Todo el mundo se considera tan dotado que incluso aquellos que son más difíciles de satisfacer, no desean más razón de la que ya tienen".
Entonces, ¿cómo se puede fomentar una mayor autorreflexión y cuestionamiento?
Descartes pretendía responder a esta pregunta en sus Reglas del método, inspiradas en las matemáticas.
Las 4 reglas de oro para pensar correctamente
- La regla de la evidencia: no considerar como verdad nada que pueda ser puesto en duda
- La regla del análisis: para resolver un problema, es necesario dividirlo en tantas partes como sea posible y resolver cada una individualmente: empezando por lo complicado y terminando por lo simple
- La regla de la síntesis: lo contrario de la regla anterior. Una vez resueltas todas las partes, volver a unirlas para resolver el problema en su conjunto.
- La regla de la enumeración: asegurarse de que el problema se ha resuelto en su totalidad sin haber omitido nada
Estas reglas nos permiten establecer nuestro razonamiento, pero ¿somos realmente reales? ¿Cómo podemos no dudar de nuestra propia existencia?
"Pienso, luego existo"
Lo primero que hay que destacar es el uso del "yo". Nada fuera de lo común para nuestra sociedad individualista, pero en aquella época, el "yo" pasó a formar parte del renacimiento cultural que comenzó tras el redescubrimiento de los textos antiguos durante la caída de Constantinopla en 1453.
Descartes utiliza el "yo" y no el "Él" refiriéndose al rey o a Dios, ni el "nosotros" refiriéndose a la comunidad de creyentes o a la familia, sino el "yo", para enfatizar al ser humano como individuo. El individuo se encuentra así en el centro de su propio pensamiento.
El famoso "Cogito" de Descartes (del verbo latino cogitare: pensar): "Pienso que dudo, luego pienso y si pienso, entonces existo" nos enseña que podemos dudar de todo menos de nuestra propia existencia, porque dudar es un pensamiento y pensar es la prueba de nuestra existencia.

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