
La importancia de ser fragante
El perfume en tiempos de distanciamiento social

En este día, el primero de julio, las calles de París se ven grises.
Una cortina de lluvia ha caído sobre la ciudad, una atmósfera húmeda apesta a electricidad, un cielo lúgubre vigila a un pueblo de superhéroes ordinarios, enmascarados pero sin capa, que se apresuran tratando de no mojarse, y la música de las gotas al caer sobre el pavimento, transportada por ráfagas de aire fresco, le otorga una nueva vida a una ciudad consagrada a la quietud.
Sí, el monzón ha llegado temprano este año y, por primera vez en meses que parecen haber sido años, la gente se ha quitado las mascarillas... y vuelve a oler el aroma de la lluvia.
Qué sensación tan curiosa, qué maravillosa sensación: inhalar, respirar, absorber por fin los microperfumes del día, oler. Porque los días han sido largos para todos nosotros, confinados, obligados a observar, inmóviles, cómo se marchitaban los brotes de la primavera; sin embargo, aquí estamos, fuera y vivos de nuevo, y mientras regresamos a los rituales de ayer, buscando nuestro lápiz labial y arreglando nuestras barbas, una pregunta vuela en labios de todos: ¿debería volver a usar perfume?
Y nuestra respuesta es SÍ. Indudablemente sí. Sin duda, sí. Absolutamente, evidentemente, SÍ. Porque el perfume es mucho más que un simple cosmético; un accesorio, un gesto superfluo añadido a un ritual matutino ya de por sí engorroso para satisfacer la propia vanidad. El perfume es un elemento esencial, aún más ahora que se nos exige mantenernos alejados los unos de los otros.
Entonces, ¿por qué debería hacerlo?
- Para aprovechar el día al máximo
Nuestro sentido del olfato es fundamental para comprender el entorno en el que vivimos y, aunque se nos permita pasear de nuevo, el hecho de tener que seguir usando mascarilla nos impide captar este mundo, lo cual es suficiente para desorientarnos. Pues, en efecto, ningún sentido es más íntimo, más primitivo que el del olfato. De los cinco, es uno de los primeros en desarrollarse completamente en el útero, lo que significa que los fetos huelen incluso antes de ver u oír, lo que explica la forma tan específica en que nuestro sentido del olfato conecta con nuestro cerebro. De hecho, mientras que todos los estímulos sensoriales se procesan a través del tálamo —que actúa como un centro de despacho, por así decirlo— antes de llegar a la corteza, los estímulos olfativos van directamente desde nuestros receptores nasales a la corteza. Esto permite una representación más directa y difusa del estímulo; por eso, cuando hueles un determinado perfume, primero recordarás colores, sensaciones y emociones antes de vincularlo a un recuerdo preciso.
Esta relación estrecha y límbica entre el olfato y la corteza es la razón por la que algunos olores son innatamente malos, porque representan un peligro para nuestra vida; es la razón por la que nos sentimos cómodos en lugares que conocemos olfativamente y la misma razón por la que dejaremos de oler nuestro propio perfume después de un tiempo, el tiempo que nuestro cuerpo tardó en considerar este perfume como "seguro"; es la razón por la que captarás instantáneamente los malos olores en cualquier entorno, por la que olerás el cenicero frío de alguien a pesar de que haya una vela aromática encendida, por la que olerás la orina estancada en alguna calle a pesar de un ramo de rosas en una esquina. Por eso, íntimamente, no te molestarán los "olores matutinos" de tu pareja. No porque te hayas acostumbrado a ellos, sino porque tu cuerpo y tu cerebro se dieron cuenta de que eran seguros para ti.
Por lo tanto, para aprovechar el día al máximo, hay que olerlo. Hay que oler el tilo en flor, la rosa, el jazmín, la lila, las flores de glicina en el aire para sentir la llegada de la primavera. Hay que oler el "petricor" que sube del asfalto para sentir la profundidad abrasadora del verano. Hay que oler las estelas fragantes que emanan de los abrigos, los vestidos y el cabello de las personas, los efluvios florales que escapan de la floristería, el olor de los productos horneados que anuncia la primera hora del día, el metal caliente, la orina y el sudor para recordar por qué odias el metro, los aromas a cereza y tabaco para disfrutar de tu copa de Château Jouvente, el de membrillo e inmortela para deleitarte con tu copa de Quarts-de-Chaume; y como no podemos hacer eso, es esencial que sigamos oliendo perfumes y aceites esenciales que acompañen al día, a la estación, al estado de ánimo. No necesariamente para llevarlos puestos, sino para oler y seguir oliendo todas las fragancias que deberían rodearte, para no perderte tu primavera o tu verano.
- Para seguir siendo tú mismo
Uno de los consejos más comunes que leímos durante el confinamiento fue mantener una rutina habitual; sin embargo, uno podría preguntarse sobre la relevancia de usar traje y corbata mientras se trabaja desde la sala de estar. ¿Era para mantener las apariencias?, si es así, ¿para quién? ¿Era para mantener la cordura?, si es así, ¿de qué? Este esfuerzo por ceñirse a una rutina centrada en el trabajo solo servía como umbral para evitar que nos deslizáramos hacia una inercia que parecía perjudicial, pero ¿y si debiéramos usar esta rutina, no como una forma de evitarnos, sino de permitirnos? Permitirnos redescubrirnos, explorar y descubrir quiénes somos y qué es lo que constituye nuestro ser cuando estamos excluidos de la sociedad.
Así, dejados a solas, no hay nadie más que nosotros, y cada paso de nuestra rutina diaria puede verse como una forma de entender quiénes somos y cómo interactuamos con nuestro mundo. ¿Por qué seguimos aplicando un suero tonificante, por qué la necesidad de unos labios hidratados, de una barba bien recortada, por qué el impulso de socializar o de hacer ejercicio y por qué la necesidad de oler bien? Ten en cuenta que aquí no hay respuestas incorrectas, solo las respuestas correctas para ti. El perfume es parte de nuestra rutina porque es una expresión sensorial de nuestro yo, tanto como nuestra elocuencia, nuestra postura, nuestra vestimenta —"todos nacemos desnudos y lo demás es travestismo" significa precisamente esto, que cualquier cosa que nos ponemos o hacemos a nuestro cuerpo es autoexpresión, ya sea que lleves una camiseta oscura que no te queda bien o un impresionante traje hecho a medida depende de cómo te veas a ti mismo y de cómo quieras ser visto—. El perfume es más sutil en el sentido de que es invisible, intocable y es percibido de forma diferente por cada persona.
¿Usas perfume para ti mismo o lo usas para los demás? Ya sea lo uno, lo otro o ambos, es importante seguir aplicándose perfume, ya sea para ser olido por otros o para aprovechar esta temporada de mascarillas para imaginar olfativamente un nuevo "tú": más audaz o más refinado, más sutil o más exuberante, más ruidoso o más silencioso, más sabio o más divertido. Dado que el sentido del olfato es tan íntimo y primitivo, es la mejor manera de desenterrar nuevas verdades sobre nosotros mismos, ¿y por qué no sorprenderse de lo que podemos encontrar?, que un determinado perfume apacigua nuestro temperamento o despierta a un amante apasionado desconocido. El perfume se ha vuelto cada vez más constitutivo de la persona que hemos estado construyendo desde que éramos niños, es otra capa añadida a nuestro carácter y ahora es el momento perfecto para intentar romper con el personaje.
- Para ser feliz.
Nuestro reciente deseo de hacer ejercicio, de practicar yoga, de comer más sano proviene de un conocimiento que el mundo occidental había abandonado desde el siglo XII: que nacemos con un cuerpo y que este es verdaderamente partícipe de nuestra felicidad general. De hecho, los estudios han demostrado un vínculo directo entre el olfato y el bienestar, o mejor dicho, entre la anosmia —la pérdida aguda o crónica del olfato— y la depresión. Curiosamente, este vínculo es bidireccional: la anosmia provoca y es un síntoma de depresión, y esto proviene precisamente de lo que hemos dicho anteriormente: que los aromas no son procesados por el tálamo, sino que van directamente a la corteza, activando un tercio de las conexiones neuronales de nuestro cerebro para avivar emociones precisas vinculadas a recuerdos difusos. Este principio, que los olores pueden influir en nuestro comportamiento jugando con nuestras emociones y recuerdos, es la piedra angular de la aromacología, mientras que la aromaterapia utiliza los componentes aromáticos de los aceites esenciales con fines curativos. El hecho de que la ciencia demuestre que ambos métodos son eficaces es una señal estelar, por si necesitábamos otra, de que nuestros cuerpos son cruciales para nuestro bienestar.
Además, al evitar el tálamo, los olores también evitan la mente y sus complejidades, sanándonos subconscientemente, haciéndonos felices sin el riesgo del autosabotaje. Tal poder de evocación, de traer de repente a la vida paisajes, colores y sabores enteros de tierras extranjeras alguna vez recorridas, de desenterrar emociones tan intensas como profundamente enterradas bajo los montículos del tiempo, los "besos cercanos de mi juventud, sabrosos y golosos" cantados por Montaigne, este poder de viajar a través de nuestro propio mapa olfativo hacia tierras y lugares de nuestra juventud y sueños, este poder, al fin, de escapar a nuestro lugar feliz en cualquier momento dado, necesita ser reconocido y utilizado más a menudo para el mejoramiento de todos, pues cuanto más lo usemos, más nos reconectaremos con nuestros cuerpos. El tiempo que se nos ha dado, si debe aprovecharse bien, debe dedicarse a esto: a ser uno mismo y redescubrir que los perfumes y los aromas cotidianos son fundamentales en nuestra búsqueda de la felicidad y aún más. Son esenciales.
Mientras luchamos por encontrar ritmos y patrones regulares para hacer frente a la naturaleza siempre cambiante de nuestro mundo y nuestras sociedades, tal vez deberíamos considerar cambiar nuestras rutinas de belleza por rutinas felices en las que las fragancias ocuparan un lugar central; prestar atención a todo lo que es fragante y que ya no podemos oler; a todo lo que es fragante y por lo que no nos preocupábamos antes y utilizarlo como base de una nueva rutina, un estilo de vida inspirado en las fragancias que infundirá felicidad en cada paso.



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